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Pablo Iglesias ha visto 'El juego del calamar' y esto es lo que opina del 'pelotazo' coreano de Netflix

  • El político califica la ficción como "Artefacto político de enorme potencia"

El juego del calamar ha pasado ya a la historia al tratarse del mejor estreno de Netflix con más de 111 millones de espectadores en los primeros 28 días. Todo el mundo habla de ella, también Pablo Iglesias. Como buen aficionado a ver series, el exvicepresidente del Gobierno ya ha digerido los nueve capítulos de la primera temporada.

El que fuera líder de Unidas Podemos ha escrito un artículo de opinión para Ctxt, uno de los medios en los que colabora tras su salida de la política. Lo cierto es que El juego del calamar le ha dejado un buen sabor de boca a Iglesias, que no duda en afirmar rotundo que se trata de un "fenómeno mundial con todas las letras".

Iglesias dicta sentencia de 'El juego del calamar': "Artefacto político de enorme potencia"

El ahora también tertuliano de Cadena Ser defiende a la serie de las críticas más técnicas opinado lo siguiente: "Que no sea una obra maestra ni un manjar para cinéfilos no hace que El juego del calamar deje de ser, además de fenómeno cultural, un artefacto político de enorme potencia".

Iglesias recuerda que el creador de la serie, Hwang Dong-hyuk, la escribió como "una fácula acerca de la sociedad capitalista moderna, algo que representase una competición extrema". En este sentido, dice que "es aquí donde la serie me parece una proeza que consigue lo que no consiguió Los juegos del hambre, a saber presentar el capitalismo como una maquinaria de destrucción moral, como un sistema abyecto".

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El político recomienda ver la serie "porque permite restituir muchos universales éticos incompatibles con la lógica capitalista y sus valores". Entre otros aspectos, Iglesias dice que El juego del calamar "ridiculiza la creencia neoliberal de que el éxito es el resultado del esfuerzo y el mérito" o "critica la explotación salvaje de los trabajadores migrantes retratando a un obrero pakistaní como ejemplo ético frente a la bajeza y el cinismo de un estafador financiero". Y concluye: "Véanla y hablen de ella. Y no, no se la pongan a los niños ni les den cerveza".

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