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Leonor Watling ('La Templanza'): "Tengo una relación de amor-odio con mi profesión, es muy difícil ser actriz"

  • ECOTEUVE.ES entrevista a la protagonista de la serie española de Amazon
  • "Si se supiera lo que va a funcionar, los bancos producirían series y películas"
  • "Si Italia tuviera un Jerez, tendríamos Jerez hasta en la sopa", valora

La propuesta de Amazon Prime Video a Leonor Watling para liderar el reparto de La Templanza, serie que adaptará la novela homónima de María Dueñas (El tiempo entre costuras) y que la plataforma ha producido de la mano de Atresmedia Studios (Buendía Studio) y Boomerang TV, pilló a la actriz con el pie cambiado. "Se han equivocado. ¿Por qué me han llamado a mí?".

A la intérprete le dio vértigo la gran magnitud de un proyecto cuyo rodaje se desarrolló a lo largo de seis meses en 2019 entre Dublín, Madrid, Tenerife y Jerez, ciudad andaluza epicentro de las tramas de la ficción. Sin embargo, tras leer los guiones y hablar con Guillem Morales (uno de los directores), Watling quedó totalmente seducida por un producto que ha cuidado hasta el último de los detalles.

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"Empiezas a ver quién va a hacer el vestuario, quién va a hacer el arte... Ahí te das cuenta de que te ha tocado la lotería", comenta la actriz a ECOTEUVE.ES, asegurando que la ambientación de la serie hace mucho más fácil su trabajo interpretativo. "Llégabamos Rafa [Rafael Novoa] y yo con este vestuario a esos decorados y no teníamos que hacer nada. ¡Estaba todo hecho", bromea.

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Leonor Watling reconoce que, con el paso de los años, se ha vuelto más selectiva a la hora de elegir los proyectos audiovisuales en los que involucrarse. "Tengo una relación con la interpretación de respeto, de cariño, pero también de amor odio", confiesa sincera. "Es durísimo ser actor. Es muy difícil, de verdad. Salvo en el caso de que tengas la inmensa suerte de que te vaya muy bien y puedas trabajar de actor, que es un número residual los actores que podemos vivir de la interpretación, tu día a día es muy duro. Yo tengo algo ahí de que me gusta mucho, pero... Durante un tiempo me alejé de esto voluntariamente".

¿Qué pensó cuando le llegó la propuesta de hacer La Templanza?

Lo primero que pensé fue: ¡Uf! Seis meses de rodaje, yo estaba a punto de rodar Nasdrovia con Marc Vigil, no había leído la novela... y me pareció muy gordo. Leí los tres primeros guiones y me tomé un café con Guillén Morales. Fui a mi casa y le dije a mi marido: 'Mira, que hasta enero no nos vamos a ver. ¿Cómo lo ves?' [Risas] Lo digo así porque yo tengo una relación con la interpretación de respeto, cariño pero también de amor odio. En frío me plantearon eso entrando en Nasdrovia y reaccioné así. Pero lees el guion, conoces a Guillén Morales, empiezas a ver quién va a hacer el vestuario, quién va a hacer el arte... Ahí te das cuenta de que te ha tocado la lotería. Dices: 'Se han equivocado. ¿Por qué me han llamado a mí?' Estoy muy contenta.

Tuvo que reorganizar su vida y sus conciertos en torno a este proyecto...

Paramos la contratación de Marlango, que nos quedaban algunos conciertos y te organizas, sí.

¿Da miedo el estreno de algo tan potente, de la repercusión que vaya a tener?

No lo pienso la verdad. Cuando estás metida en la serie, es tan exigente, son tantas horas, estás tan involucrada, que sabes que lo importante es el proyecto. Nunca puedes empezar un proyecto dando por hecho que va a funcionar. Si alguien supiera lo que va a funcionar, los bancos producirían series y películas. No es un valor que puedas poner encima de la mesa, porque lo único que va a hacer es distraerte. Para bien o para mal, tanto si piensas que lo va a ver mucha gente, como si piensas que no lo va a ver nadie. 

¿Qué tiene su personaje que le ha atraído tanto?

La ropa. (Risas) ¡Los corsés! No, pero en la novela está super detallado cómo viste Sol y eso te transporta. Cuando el vestuario está bien hecho... Yo he hecho varias cosas de época y cuando el vestuario no es como en esta serie, tienes que remontar eso. Es como un trabajo extra de intentar creértelo: 'Esto brilla y es de látex, pero venga'. Y con este vestuario, llegamos Rafa y yo a los decorados a no hacer nada, ¡está todo hecho! (Risas)

¿Cómo ha sido trabajar con Rafael Novoa?

Ensayamos poco. Es lo que ocurre con estas cosas, que al final lo soñado y lo que se puede es complicado. Cada uno sí que ensayamos bastante con Guillén y teníamos claro de dónde venía cada uno cuando nos encontramos. Creo que esto lo hicieron los de producción a posta. Hay que agradecérselo, porque lo armaron para que contáramos nuestra historia de forma paralela antes de encontrarnos y de rodar cuando se encuentran Sol y Mauro. A mí me ayudó muchísimo, porque no tenía que hacer un trabajo de imaginación previo de dónde venía. Yo había estado en Londres un mes con mi marido y mis tres hijas, muy contenta y de repente me lo encuentro a él. Pues bueno, porque no tenía que hacer ese ejercicio.

Guillén quería contar eso de que cuando uno ve las cosas de lejos, es todo muy blanco o muy negro, muy fácil, pero cuando uno se va acercando a la realidad, la realidad es mucho más compleja. El mío no es un matrimonio de convivencia, llevan 20 años, se quieren, se respetan, tienen tres hijas... Contar eso es también muy bonito y enriquece. Si haces un trazo gordo de que se solo casó de forma obligada, pues vale. Pero si haces una cosa más fina, de que se casó obligada, pero se enamoró, el marido es divino... es un punto más complicado el momento en el que se lo encuentra ella. Está todo trabajado con una lupa.

Usted tiene raíces gaditanas. ¿Qué siente al ver que una serie pone a Jerez en el mapa mundial y de esta forma?

A mí me gusta, porque es como ¡que viva el vino! (Risas) Me parece precioso que hay cosas en España que, por cómo somos, no están puestas en el mapa. Si Italia tuviera un Jerez, estaríamos aquí [se señala la frente] del Jerez. Francia lo tiene, Francia tiene el coñac, y Borgoña, y su puta madre. ¡Que son maravillosos! Pero España tiene Jerez y todavía no nos lo hemos contado como lo que fue. En 1850 era una locura. A mí me hace mucha ilusión, porque caminas por las calles de Jerez y te estalla la cabeza, es maravilloso. Ojalá sirva para que la gente diga: ¡Vamos a Jerez!

Debe ser interesante involucrarse en un proyecto así con actores de diferentes países. ¿Enriquece más profesionalmente?

A mí si me ayudó que los actores ingleses fueran ingleses. Me ayudó mucho, porque hay un código. Los personajes hacen de británicos en 1870. Pero eso de prepararte el personaje viene el tutor a preparártelo.

Antes decía que tenía una relación de amor-odio con la interpretación, ¿a qué se refería?

A que es durísimo ser actor. Es muy difícil, de verdad. Salvo en el caso de que tengas la inmensa suerte de que te vaya muy bien y puedas trabajar de actor, que es un número residual los actores que podemos vivir de la interpretación, tu día a día es muy duro. Yo tengo algo ahí de... Me gusta mucho, pero... Durante un tiempo me alejé de esto voluntariamente.

¿Y cómo lo afronta ahora? ¿Es más selectiva a la hora de aceptar proyectos?

Por un lado sí y por otro lado, tengo, espero, un poquito más de madurez. Pero son trabajos de una exigencia emocional y horaria brutal. Son doce o trece horas al día. Y no es un trabajo mecánico, que aunque estés agotado llegas a casa y desconectas. Es un trabajo que emocionalmente, igual un día llegas eufórico porque ha sido increíble o destruido. Y no es porque seas un loco de Stanivslaski, es que llevas doce horas llorando. Yo por eso admiro profundamente, porque reconozco que no lo soy, a los actores 100%, como Juana o Rafa. Lo digo y lo vivo siempre con respeto, porque yo entró pero no soy capaz de aguantar eso en mi vida 365 días al año.

¿Es difícil desconectar del personaje?

Ya no es el personaje. Tú cuando sales de ver el Joker, pasas unas horas todavía raro. Y solo son unas horas en las que solo has estado sentado comiendo palomitas. Imagínate que has estado 10 horas haciendo el baile en la escalera. Pues te duelen las piernas, estás cansado, has llevado mucho maquillaje y estás un poco... uf. Es como cuando lees un buen libro, que te sumerge. Tu vida de repente va de eso.

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