Carmen Porter: "La Nancy Selene fue mi mayor terror en la infancia, estuve semanas sin dormir"

10:00 - 2/06/2019
  • ECOTEUVE.ES habla con la periodista y presentadora de 'Cuarto Milenio'

  • "Iker y yo tenemos nuestras diferencias en el trabajo, pero como pareja discutimos poco.

  • "Personajes como El Chicle o los miembros de La Manada son terror en estado puro"

Pese a que está curtida de espanto por Cuarto Milenio, Carmen Porter también tiene algún miedo oculto.

De eso trata la exposición del programa que estará abierta al público en el espacio Fandome de Madrid -calle Duque de Sexto 27- hasta el próximo 7 de julio.

La periodista, que lleva 25 años junto a Iker Jiménez, confiesa el pánico que le tenía a una muñeca, la Nancy Selene. Aun así, dice que hay personajes que son el verdadero terror, como El Chicle o los miembros de La Manada.

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¿Qué quieren reflejar con la exposición?

Que el miedo nos ha acompañado desde la infancia. Siempre ha estado con nosotros y seguirá estando. Quien entre por la puerta y crea que no tiene miedo a nada pero, de repente, cuando ve un muñeco se acuerda de que ese muñeco le ha dado terror por algo.

¿A usted le ha pasado algo similar?

Sí. En la vida me han dado miedo, pero sí recordé que cuando era pequeña a la Nancy Selene, la muñeca que tenía un medallón y se le encendían unos ojos verdes. Fue mi mayor terror y no pude dormir durante varias semanas.  

¿Qué es lo que le da miedo de verdad?

Miedo nos da el ser humano. Cuando de verdad te enfrentas al miedo es al salir a la calle. Lo vemos en el informativo todos los días: asesinos, pederastas... Pasan tantas desgracias cada día que al final seguir viviendo es un milagro.

¿Cambia la percepción del miedo con la paternidad?

Sí, te cambian los miedos. Antes, nosotros éramos mucho mas kamikazes, nos daba igual meternos en pozos o en cuevas. Pero ya piensas en tu hija, si nos pasa algo a los dos juntos, no se queda ninguno. Ahora, hemos intentado incluir a Alma en esos viajes de misterio.

¿Su hija es valiente?

Está curada de espanto. Ya ha visto tantas cosas en casa: libros raros, figuras... No le da miedo o eso dice ella, porque también es una niña de siete años que cuando se apaga la luz surgen los fantasmas.

¿Qué personaje real le da pánico?

Hay tantos... Desde El Chicle hasta los de La Manada. Eso sí que es terror en estado puro.

Cuarto Milenio es el único programa que continúa vivo desde el nacimiento de Cuatro.

Eso es lo sobrenatural. Hoy día, la televisión es muy cambiante y todo dura muy poco. Cuando reflejas que es tu vida, que cuentas las historias tal y como las has vivido y que no te estás inventando nada eso traspasa la pantalla y llega a la gente. Nos lo pasamos tan bien que se refleja.

¿La cadena pone límite a los temas más delicados?

Hemos tenido muchísima suerte porque nunca nos han puesto ninguna traba ni nos han dicho nada. No hemos tenido censuras de ningún tipo y es muy agradecer. 

Sorprende que el miedo baje la audiencia, tal y como confesó Iker Jiménez...

Así es. El diablo lo que más. Aun así seguimos tocando esos temas porque creemos que hay que hacerlo. Lo que mejor funciona son las cosas sobre ciencia, lo relacionado con las nuevas tecnologías... 

¿Fue su marido el culpable a que se aficionara a estos temas?

No, mi interés ya venía de antes. Yo viví muchos años en Torrevieja y recuerdo que nos íbamos a visitar casas abandonadas, a hacer la oüija en el cementerio... Lo que hacían todos los adolescentes en esa época. Al final, mis amigos se iban cansando pero yo no y empecé a hacer entrevistas. El destino hizo que me uniera con Iker.

¿Cómo es trabajar con él?

Es muy fácil. Iker es transparente totalmente y demasiado apasionado, hay noches que le tengo que decir que se calle. Es un gran comunicador y tiene un don de palabra desde niño, he visto vídeos suyos de pequeño y es que no ha cambiado nada, hacía Cuarto Milenio igual que ahora. Tenemos nuestras diferencias en el trabajo, pero como pareja discutimos poco.

Ambos han presenciado exorcismos. ¿Cómo fue la experiencia?

Nos citaron un domingo en una iglesia católica y, de repente, empezamos a oír gritos, lamentos y aullidos de una ermita que había debajo. Abrimos la puerta y nos encontramos a un sacerdote que el Obispado le dio autorización para hacer exorcismos y a una chica joven normal y corriente en un estado tremendo: puesta sobre unas colchonetas haciendo el pino puente hacia atrás y con los ojos en blanco. 

Fuimos acompañados de un psiquiatra para ver si se trataba de una enfermedad mental. Había cosas que no se podían explicar: esa chica empezó hablar en latín cuando ella no había estudiado nunca. Eso me impactó.

¿Es capaz de desligar esos casos con su vida personal?

Sí. Cuando estoy en el parque con la niña yo no me acuerdo de esto, sino sería terrible.

Ahora con Milenio Live han abierto su casa al público...

Sí (risas). Al final también es nuestro lugar de trabajo: es todo bibliotecas, despachos, un estudio de radio... Menos las habitaciones, todo es para el trabajo. Y sí, hicimos Milenio Live porque la SER la dejamos porque creíamos que habíamos dado bastante en la radio, no nos sentíamos tampoco muy cómodos y pensábamos que  había que hacer algo diferente a la radio convencional, que a mí me sigue encantando.

Pero teníamos que dar un plus porque van cambiando las tecnologías y también porque teníamos una niña muy pequeña que los fines de semana no nos veía. El acabar a las cinco de la mañana era imposible tener una convivencia con ella, por eso decidimos hacerlo en casa.

Cuando acabe Cuarto Milenio, ¿qué quiere hacer?

A lo mejor sí tendré más tiempo para escribir, pero creo que seguiríamos haciendo lo mismo que hasta ahora: investigando, preguntándonos, intentando seguir resolviendo casos... Haríamos la misma vida con más calma y sin que te pagaran por lo que te gusta.




Informalia




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