Andrés Salado: "La gente piensa que a los músicos nos meten en formol y 'Prodigios' muestra que somos normales"

14:07 - 13/04/2019
  • ECOTEUVE.ES entrevista al director de orquesta, juez del talent musical de La 1

  • "Los españoles nos hemos sentido inferiores, pero nuestro talento y alegría son un cóctel molotov"

  • "Da más miedo pensar qué dirán del programa desde la profesión que desde fuera"

Prodigios vivirá esta noche su gran semifinal en TVE. Los nueve jóvenes talentos de la música clásica clasificados en la primera fase de audiciones buscarán un puesto en la gran final. Nacho Duato, Ainhoa Arteta y Andrés Salado tendrán que seleccionar al mejor de cada categoría (danza, instrumento y voz) en una decisión nada fácil.

Salado se muestra encantado de la oportunidad que está siendo este formato para acercar estas disciplinas clásicas al gran público: "Estamos naturalizando la profesión. La gente tiene la idea de que somos personas a las que nos meten en formol, que nos meten como un museo y que no nos vemos con nuestros colegas, que no tomamos cerveza...(Ríe)", empieza bromeando el joven director de orquesta en palabras a ECOTEUVE.ES. "Es genial tener la posibilidad de que somos personas normales", asegura.

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¿Cómo valora la llegada de Prodigios a la televisión?

Es una posibilidad única para acercar lo que hacemos a todo tipo de públicos. Nos ponemos ante un público que quizá se siente alejado del ballet clásico o al que la palabra conservatorio le suena a algo así como 'orfanato'. Es genial tener la posibilidad de que somos personas normales (dentro de lo que cabe) y que podemos comunicar a través de nuestra voz, nuestro cuerpo o nuestro instrumento. Es una cosa fantástica y la hemos afrontado con responsabilidad y muchísima ilusión.

Este está siendo su debut en la pequeña pantalla. ¿Da miedo enfrentarse a este medio?

Da vértigo enfrentarse a la televisión en prime time desde la profesión, porque es verdad que somos y hemos sido siempre una profesión muy especialita. Da más miedo pensar qué dirán desde la profesión que desde fuera. Pero nuestra principal motivación para estar aquí es visibilizar este tipo de disciplinas e intentar contagiar a los espectadores el amor que sentimos por nuestro oficio. 

¿Cómo conseguís ese acercamiento al público?

En primer lugar, siendo nosotros mismos. Y luego, naturalizando como he dicho la profesión. La gente tiene la idea de que somos personas a las que nos meten en formol, que nos meten como un museo y que no nos vemos con nuestros colegas, que no tomamos cerveza... (Ríe). 

¿Cómo ha afrontado su papel como jurado ante esos niños?

De los tres jueces, yo he sido el que más nervioso ha estado a la hora de enfrentarse a este programa. Los concursantes están en una época crucial en su formación. Recibimos a niños de seis años hasta dieciséis y ahora mismo son esponjas y se enfrentan a una situación complicada. Sabemos la responsabilidad que tenemos, pero me parece bonito que abarquemos estas tres líneas en la formación de un artista. Y en la dirección de orquesta, yo he crecido más de los fracasos, que son constantes, que de los que me han dado palmaditas. Hay que pensar en ese cocido de la abuela a fuego lento, de ahí salen los buenos guisos. 

Era Televisión Española la cadena idónea para acoger este formato, ¿no?

Parte de mis nervios pueden ser precisamente por eso. Porque al fin la televisión pública da la posibilidad de que en prime time haya un programa de cultura. Me consta que la productora lo ha peleado mucho con esas ganas de llevar a la pantalla un programa donde se mezcle la cultura con el entretenimiento.

¿Cómo valora el talento que tenemos en España?

En casi todas las orquestas y compañías europeas hay gente puntera que es española. La Gustav Mahler, que es una orquesta europea joven que reúne a los mejores talentos del continente, ha batido este año el récord en españoles. Llevamos mucho tiempo siendo de los países que más aporta a esta orquesta y esto es un poco espejo de lo que está pasando en nuestro país. 

¿Le costó mucho a usted hacerse un hueco en la música?

La generación de la que yo vengo hemos sido como 'la generación perdida', porque llegó la crisis cuando salíamos de los conservatorios. Entonces, haciendo un poco de autocrítica, en España ha habido durante mucho tiempo una conciencia colectiva de inferioridad con el resto de Europa. Cuando salí a estudiar fuera con otros compañeros, éramos como 'los españoles' y teníamos ese miedo. Luego te das cuenta de que si se une el talento latino, con la alegría y energía que tenemos para trabajar y comunicar, es como un cóctel molotov.

¿En qué momento supo que se quería dedicar a esto?

Yo empecé a los tres años, porque vengo de familia de músicos. Mi madre se acaba de jubilar después de 40 años en la Orquesta Nacional de España, mi tía está en el Teatro Real, otros son productores de cine... He mamado de esto desde que era pequeñito. A mí me pusieron un violín con tres años cuando otros niños estaban en el parque haciendo castillos. En el colegio me llamaban 'el músico' y al final toda mi vida ha sido esto.




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