El sobrecogedor testimonio del asesino de la catana: "No fui yo. La espada bajó sola"

9:01 - 29/11/2017
  • José Rabadán mató a sus padres y su hermana en un crimen que conmocionó España en 2000

  • Protagoniza en DMAX (22.00) un impactante documental que Ecoteuve.es ya ha visto

  • Satanismo, videojuegos… ¿Por qué lo hijo? Hoy está casado, tiene una hija y es bróker de bolsa

José Rabadán se emociona al recordar el "amor" que sentía por su hermana. "Los niños con síndrome de Down son especiales". La mató en la bañera hace 17 años, justo después de asesinar a sus padres. Cuando habla de la pequeña se queda sin voz, se levanta y corta la grabación del documental que recrea el crimen de la catana, una historia que conmocionó a España en el año 2000 y que ahora se recuerda en un impactante programa que DMAX emite hoy y mañana (22.00).

Nadie sabe por qué lo hizo. Ni siquiera él. "No tengo una explicación clara", afirma Rabadán en un testimonio inédito. "Si hubiera sabido las consecuencias, no lo habría hecho".

Ahora, dice que ha decidido salir y dar la cara porque está "rehabilitado" –"muchos seguirán considerándome un monstruo"- y quiere poner su experiencia al servicio del debate de la reinserción. "Pero tiene que haber algo más", señala Javier Urra. "Igual quiere perdonarse a sí mismo", añade el exdefensor del Menor, que le ha entrevistado para este documental que ya ha podido ver ECOTEUVE.ES.

Urra reconoce la importancia del trabajo audiovisual -"véanlo y olvídenlo"-, pero advierte: "Él no debe vivir de esto". "Nosotros no le hemos pagado", aclara Alejandro Flórez, uno de los máximos responsables de DMAX. La presencia de Rabadán en Yo fui un asesino ha sido posible después de dos años de trabajo de la productora Cuarzo, que se ha encargado de reconstruir el macabro puzle que desencadenó aquella tragedia. "Él tenía la necesidad de contar algo, pero no nos dijo que sí a la primera", cuenta Juan Ramón Gonzalo, jefe de la compañía que acaba de abandonar Ana Rosa Quintana.

Impresiona ver a Rabadán sentado ante la cámara rememorando lo que pasó aquella mañana y cómo habla de los "pájaros en la cabeza" que le llevaron convertir su casa en una auténtica orgía de sangre. Dice que se "rebeló contra Dios" por la situación de su hermana y se "acercó al satanismo"; recuerda su afición por las artes marciales -"quería ser un ninja"-; menciona la música que escuchaba –"empecé con Marilyn Manson"-; y comenta los videojuegos a los que estaba enganchado y que tanta polémica crearon por el parecido de Rabadán con el protagonista de unos ellos.

Hoy, su imagen nada tiene que ver con la del adolescente de pelo "a cazón" esposado que abrió informativos y portadas de periódicos. Rabadán es un hombre alto, fuerte, tatuado, pelo corto. "Se explica muy bien pero no lo siente", destaca Urra. Su vida también ha cambiado. Está casado, es padre y trabaja como bróker de bolsa. "Soy cristiano. Dios me ha salvado".

En el documental, presenta a su mujer e hija en la segunda entrega que se emite el jueves. La primera (hoy, miércoles) está centrada en el asesinato de su propia familia, un crimen que le llevó a pasar seis años en un centro de menores y dos más de libertad vigilada como resultado de la Ley del Menor de 2001. La sentencia fue muy cuestionada por quienes la consideraron leve para alguien que cometió un asesinato atroz.

La magnitud del suceso se palpa de cerca en el programa. Es sobrecogedor ver por primera vez las imágenes del interior de la casa familiar encharcada de sangre. "Hemos eliminado algunas partes". El crudo testimonio de los policías y sanitarios que entraron en aquel domicilio atacado por la crueldad. Las palabras de los vecinos que conocían de cerca a la familia. Y la imagen de la catana todavía ensangrentada.

Pero lo más impactante es escuchar el relato del propio Rabadán. Se corta la respiración cuando recuerda el camino que siguió hasta ejecutar el plan. Qué se le iba pasando por la cabeza las horas y los minutos antes de terminar con la vida de su familia. Y, sobre todo, cómo se precipitaron los hechos antes de comenzar con el horror. "No fui yo. La espada bajó por mi brazo, pero bajó sola".




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