Miguel Barbudo, el español de 'Forjado a fuego': "Soy herrero de pasión y vocación; la tele no es para mí"

8:49 - 30/06/2020
  • ECOTEUVE.ES habla con el concursante ante la final del programa que emite Mega

  • "Los precios de los cuchillos pueden ir desde los 100 euros hasta muchos miles"

  • "Más que desaparecido, es un oficio escondido pero que tiene muchos seguidores en el mundo"

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Miguel Ángel Gil, conocido en el mundillo como Miguel Barbudo, es el primer español que participa en Forjado a fuego Edición Internacional. Este madrileño de 39 años será uno de los protagonistas de la final del talent que emite Mega este martes (22.15) y que busca al mejor herrero del mundo.

"Soy herrero de herencia, de formación, de pasión y de vocación", dice en palabras a ECOTEUVE.ES. el concursante que, después de aprender el oficio con su padre y trabajar en su cerrajería, tuvo que "reinventarse con la cuchillería" tras incendiarse su fragua en 2016. Barbudo, su marca, rinde homenaje a un bandido del siglo XIX y sus armas preferidas son la falcata, el macho riojano y las navajas de carraca.

Miguel Barbudo dice que no se esperaba "para nada" la repercusión que ha tenido su participación en Forjado a fuego. Grabado en mayo de 2019 en México, su "intensa" experiencia le permitió conocer a gente de todas partes del mundo. Con clientes hasta en Arizona, el madrileño afirma que el negocio de los cuchillos está en auge y está más orientado al arte y al coleccionismo. Los precios pueden llegar a "miles de euros".

Lea también: Quién es Miguel Barbudo, el primer español que concursa en 'Forjado a Fuego'

Lo primero, ¿cuál es el origen de su apodo 'Barbudo'?

Cuando creé la marca de cuchillería buscaba un nombre sonoro y yo soy muy aficionado a la historia del siglo XIX y me gustaba el tema del bandolerismo. Por eso se lo dediqué a Jaime el Barbudo, un tipo muy peculiar. Y se quedó Miguel Barbudo por darle una orientación a la marca y ya la gente me llama así.

Usted es herrero de profesión pero, ¿cómo le llega esa pasión? Cuénteme su historia.

Sí. A mí me gusta decir que soy herrero de herencia, de formación, de pasión y de vocación. Yo aprendí a trabajar en la fragua de mi padre, que este a su vez se inició con su padre, y teníamos un pequeño taller y hacíamos complementos del cuarto de baño y decoración para mobiliario. Luego, me formé en la Escuela de Forja de San Lorenzo de El Escorial de una forma más profunda. 

Después, trabajé en varios talleres y me volví al mío alternando la forja con la cuchillería, pero a modo de afición y sin ningún conocimiento profundo de la materia porque donde yo vivo hay mucha afición por la caza. Poco a poco tuve más trabajo, hasta que en 2016 tuve un incendio en mi fragua y se me destruyó toda la maquinaria. Me reinventé con la cuchillería, que era más barato montarla que una cerrajería.

Desde mi total desconocimiento, ¿se está perdiendo este oficio que se transmite entre generaciones o hay chavales que sí están interesados en aprender?

La verdad que más que desaparecido, es un oficio escondido, pero, en realidad, a nivel mundial tiene muchísimos seguidores. Ha habido una época muy mala porque cuando llegó la industria china destruyó todos los talleres de forja tradicional, era imposible competir con sus precios. Las fraguas como tal se cerraron y todos nos tuvimos que reconvertir en cerrajerías, soldadores... El negocio prácticamente desapareció.

Echándole imaginación, ha quedado muy relegado al arte y al diseño, es un oficio muy artístico. Ahora se vive una especie de boom por el tema, hay muchísimo interés por iniciarse en la forja. Ahora mismo creo que son tiempos muy buenos para la forja y para la cuchillería en particular.

¿Entre cuánto oscilan los precios de los cuchillos?

Depende. Está muy asociado al mundo del lujo y del coleccionismo. Los cuchillos van desde pequeños artesanos que están comenzando casi como hobby a precios de 100 y 200 euros hasta artesanos internacionales que entran muchos miles de euros. 

Es un mundo muy cotizado y muy parecido al del arte. Te vas haciendo un nombre, encontrando sitios y coleccionistas que te promocionen y así vas escalando en la cotización y el reconocimiento de tu nombre.

¿Tiene algún cliente famoso en nuestro país?

No, no (risas). Tengo clientes muy famosillos en el mundillo por sus muy buenas colecciones. 

¿Cuáles son sus armas favoritas?

Mi trabajo gira en torno a la tradición española, que es envidiable en todo el mundo. Yo he rescatado muchas armas del siglo XIX y anteriores, y los que más éxito están teniendo es una versión de la falcata que hago modernizada, un macho riojano que es un cuchillo de defensa que llevaban los hombres de la sierra para defenderse y las navajas de carraca que son mi pasión.

Antes de pasar a preguntarle por su experiencia en Forjado a fuego, ¿cómo ha afectado la pandemia por coronavirus al oficio? ¿Cómo ve el futuro?

Cuando todo comenzó hubo una explosión de pesimismo y en esos primeros días había mucha incertidumbre, me anularon pedidos y proyectos muy buenos. Al tiempo las aguas se tranquilizaron y he recuperado esos proyectos. Tengo la suerte de trabajar mucho para el extranjero más que para el mercado nacional y tengo clientes en Arizona y allí van las cosas de otra manera. Gracias a Dios sigo teniendo muchísimo trabajo.

Entremos en materia. ¿Cómo llega a Forjado a fuego?

Fue una cosa bastante casual porque yo me promociono mucho a través de redes sociales, y me etiquetaron en una publicación en Facebook que decía '¿qué artesano crees que debe representar a España en una competición internacional de Forjado a fuego?'. Cuando lo vi, dije 'ahí tengo sitio de cabeza'. Hice castings y tuve la suerte de ser el elegido.

¿Qué tipo de pruebas le hicieron pasar?

Primero es una entrevista personal a través de Skype sobre conocimientos de cuchillería y la forja y luego tienes que hacer un vídeo en el que sales en tu taller forjando un cuchillo, con el que tienes que pasar unas pruebas como machetear un taco de madera y después tienes que cortar limpiamente una botella. Me quedó un vídeo bonito, me subí al monte con el caballo: macheteé la madera, corté la botella y me afeité después (risas). En una semana me confirmaron.

¿Qué tal fue la experiencia de participar en el programa de televisión?

Fueron 25 días de grabaciones en México y fue muy intenso porque en este tipo de concursos, te mantienen al límite para que todas las reacciones sean naturales. Me gustó haber conocido a personas de diferentes partes del mundo y lo curioso fue que los ocho íbamos pensando en cómo forjar un cuchillo, pero ninguno teníamos en mente que íbamos a la tele. Nos encontramos un poco fuera de sitio cuando vimos el plató y las cámaras. 

Para quienes desconozcan por completo el concurso. ¿Cómo es la mecánica?

En esta edición somos ocho concursantes en dos grupos. En lugar de ser a un solo cuchillo, haces distintas pruebas con diferentes forjas y uno queda eliminado, y entre los otros tres se reparten los puntos, 100, 75 y 50. Es una dinámica más dura y necesitas más resistencia que la edición americana. 

Los jueces Antonio de Regil, Mariano Gugliotta y Doug Marcaida imponen respeto por televisión. ¿Cómo son en la distancia corta?

Plantarse delante de ellos después de unas pruebas tremendas te pone a cien, es adrenalina pura. 

¿Se esperaba que su participación generara tanta expectación en España? ¿Lo ha notado por la calle?

Sinceramente no. Es que es muy fuerte porque yo me siento un currito, un trabajador en un taller haciendo cosas que he hecho toda la vida y que te reconozcan por la calle es muy raro. Además, yo soy bastante pudoroso. Sé que esto va a ser temporal, pero me está haciendo mucha gracia.

Viendo el éxito que ha tenido con Forjado a fuego, ¿se atrevería ahora a participar en otro talent, al estilo de MasterChef o incluso Supervivientes?

No, no. Ni loco. Sí que me gustaría ir a la edición americana de Forjado a fuego porque es un solo capítulo y luego ya vuelves a la normalidad. La televisión no es para mí, y a mí me gusta que se me reconozca por mi trabajo. Me hace gracia solo de pensarlo.




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