Gonzo, el chico de aldea que acabó en 'Salvados': "Me pasé años escuchando a los viejos contar batallitas"

10:13 - 20/10/2019 | 10:26 - 20/10/19
  • ECOTEUVE.ES entrevista al presentador, que hoy debuta en el espacio de La Sexta (21.25)

  • "A mí la calle me pone mucho, ¡no me metas en una oficina, por Dios!"

  • "En 'Salvados' me siento mucho más protegido, ahora escucho más que nunca"

"Nunca he sentido tanta responsabilidad ni he estado tan comprometido como ahora". Gonzo inicia este domingo nueva etapa profesional al frente de Salvados, en La Sexta. El reportero de El intermedio, que sustituye a Jordi Évole, pasará el primer examen de la audiencia con un programa dedicado a acoso sexual en el trabajo.

En las próximas entregas, será turno para los 'menas', Cataluña y la actualidad política. También "hemos llamado a todos los líderes políticos", cuenta a ECOTEUVE.ES el periodista, que dice sentirse más "protegido" debido al gran número de personas que 'miman' el formato insignia de La Sexta: "Me permite escuchar mucho más".

De Gonzo destacan su empatía y el respeto por el entrevistado, algo que él mismo atribuye a la época de cuando vivía en Galicia ordeñando vacas: "El contar historias viene mucho de ahí, de la tradición oral de los pueblos de mi tierra, que es brutal". "Pasé muchos años escuchando a los viejos contar batallitas e historias", bromea.

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Cuando uno llega a un formato como Salvados sustituyendo a Évole y con otro Ondas más, ¿siente vértigo? ¿responsabilidad?

Soy un inconsciente. Intento evadirme de esa parte porque no influye realmente en el desarrollo del trabajo. Cuando me pongo a grabar no me paro a pensar que tengo que mantener el nivel del programa que ha ganado el Ondas. Pienso en que tengo que hacer una buena entrevista. Y eso da igual donde lo hagas. Es adaptarte al formato.

La responsabilidad existe, claro, pero creo que nunca he sentido tanta como la que tengo ahora. Nunca he estado tan comprometido, ni desde mi vida personal, con un proyecto como Salvados.

Pero sabe que es un halago, ¿no?

Suena a reconocimiento. Este verano he tenido mucho tiempo para pensar y la conclusión es que miro atrás y ha merecido la pena lo que he hecho. Siempre he pensado que las decisiones que había tomado tenían sentido porque llevar 9 años en El intermedio es la hostia. Pero esto es como es el espaldarazo definitivo en un momento que tengo 43 años, después de 15 en este negocio, y fue como 'joder, algo habremos hecho bien'.

¿Cómo se cuajó tu fichaje? ¿Quién le llamó y cuánto tiempo pasó hasta que dijo 'sí'?

Fue un martes al mediodía. Estaba en casa desenvolviendo una tostadora, es decir, mi actividad cerebral estaba a la altura de la complejidad de la ingeniería del aparato, y me llamó Jordi Évole. Fue como es él, superdirecto: '¿Qué tal?, ¿qué haces?, ¿te apetece hacer Salvados?', me preguntó. '¡Hostia! ¿Me lo dices en serio?'. 'Sí, quiero que lo presentes y lo dirijas tú'.

Le pedí 24 horas para hablarlo con mi familia porque mi vida ya no es solo mía. Sé lo que significa presentar Salvados, pero yo sabía que quería hacerlo. No tenía tan claro que quería dejar El intermedio, pero hacer Salvados, sí. En 24 horas le llamé y le dije que sí.

¿Cree que Detrás del muro -un documental sobre migración- influyó para que los jefes propusieran tu nombre?

Yo creo que sí. Cuando se emitió El Muro y vi cómo lo había hecho y el resultado, sí que pensé, y lo comenté con gente, que eso podía ser un punto de inflexión en mi carrera. Lo que no imaginaba es que pocas semanas después recibiría la llamada. 

A la hora de grabar, ¿algún entrevistado ha puesto pegas al no tratarse de Jordi Évole?

No, todavía no he entrevistado a alguien que sea tan cabrón (risas). Pero, mira, la primera entrevista empezamos a hacerla y a los 15 minutos paramos y pedí que si podía empezar de nuevo. Me di cuenta de que no estaba siendo yo, estaba nervioso por ser la primera entrevista. Fueron 15 minutos de novedad. 

¿Cómo recibió la noticia de tu salida el equipo de El intermedio?

Es que es mi familia. Yo tengo relaciones muy íntimas ahí dentro para toda la vida. Se alegraron mogollón por mí, pero al mismo tiempo quedó una sensación de pena con los que eran mis compañeros de viaje, con los que estábamos en la calle.

Se acaba una etapa preciosa, ha sido guay, hemos hecho unos trabajos de la hostia, hemos conocido mundo y acabar eso fue triste pero nadie me dijo 'no lo hagas'. ¡Qué guay, Gonzo, no puedes decir que no, es tu paso natural'. 

¿Qué es lo más difícil de presentar Salvados?

Todavía no sé lo que significa presentar Salvados. Aun falta una parte fundamental, que es que se emita. Por ahora, lo que estoy viendo es que se le dedica mucho tiempo antes de ponernos a grabar y eso a mí me encanta. Las reuniones no tienen límite de tiempo y participan todos los departamentos. Eso en televisión es acojonante.

Cuando yo voy a una grabación, estoy mucho más protegido, más centrado y escucho más que nunca porque tengo más elementos que me permiten estar más tranquilo. Antes era diferente porque no había tal tiempo. ¿Qué significa? Que tienes que poner más de tu parte y estar a la altura del esfuerzo del resto del equipo. Pero este verano ya lo he notado: me mira más gente por la calle que antes, escucho a mis espaldas mi nombre... 

Ha dicho que ha llamado a los líderes políticos. ¿Qué le han respondido? 

Ha habido alguna respuesta aunque hay quien se niega hasta para tomarse un café con nosotros; hay un candidato que ya ha confirmado su presencia; otro que nos ha dicho que ni de coña y otros dos que nos han respondido con un 'bueno, lo veremos'. 

¿Puede dar nombres?

No, sobre todo que por si los candidatos se enteran, leen esto... Pero llamar, llamamos a todos. Esto es un trabajo que es constante. La relación de Salvados con los partidos políticos es continua porque esto no es de repente. Yo también he hecho gestiones para traer a gente, algunas salen, otras no. Al Papa no lo consigues llamando un día a El Vaticano.

¿Se ha planteado hablar con los líderes independentistas presos?

Evidentemente, se está trabajando en esa historia.

En uno de sus reportajes en el Comité Federal del PSOE se vistió como reportero de guerra. Ante la crítica situación que vive Cataluña, ¿echa de menos ese reporterismo?

A mí la calle me pone mucho, ¡no me metas en una oficina, por Dios!

Gonzo, ¿qué queda de aquel chaval de aldea que ordeñaba vacas?

Está aquí y estoy muy orgulloso, sobre todo de mi familia, porque ellos lo vieron antes que yo, joder. Y el contar historias viene mucho de ahí, de la tradición oral de los pueblos de Galicia, que es brutal. Está ahí, en la empatía, el respeto máximo hacia todas las personas, sobre todo hacia los mayores. Está ahí el que no me importe currar las horas que haga falta. ¿Y qué queda? La esencia. Y espero haber mejorado. He cambiado mucho, pero para mi familia es un orgullo todo esto. Y yo estoy orgulloso de ellos.

¿En esta nueva etapa profesional extraña el humor?

No, porque yo era un poco el aburrido de El Intermedio. Sí echaré de menos, por ejemplo, esos momentos en los que grabábamos algún musical, porque yo con eso me lo pasaba como un enano. Pero no, no soy cómico. Al contrario, la parte del humor me costaba. No sabía ni leer el cue.

¿Qué ingredientes crees que tienes para ser buen entrevistador? 

Depende de la entrevista. En el primer programa [sobre el acoso sexual en el trabajo], mi forma de ver esta charla fue no ser protagonista. Las preguntas tenían que ser las justas para llevar a una persona que sabe lo que quiere contar, pero que no tiene una técnica narrativa. Ése es mi trabajo. Acompañarla, volver al núcleo central de la historia. Escuchar y, sobre todo, que la persona se sienta escuchada.

Pero si tienes a un político delante, lo que hay que hacer es desempatizar completamente. Me da igual que nos hayamos tomado un café o que al terminar le haya dado la mano, yo la pregunta se la tengo que hacer y la hago. Depende de la entrevista. En el fondo es ganarte al entrevistado, generarle respeto. Muchas veces me acuerdo lo de la aldea. Yo es que pasé muchos años escuchando a los viejos contar batallitas e historias. Y ahí veo un bagaje.



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