Mercedes Milá: "La muerte de mi madre fue una liberación, para ella y para mí"

9:31 - 19/09/2019 | 14:18 - 19/09/19
  • ECOTEUVE.ES entrevista a la presentadora, que vuelve a #0 con 'Scott y Milá'

  • "Veo poco 'Gran Hermano VIP', pero tengo unas tentaciones bestiales", admite

  • "Encerraría a Iglesias y Sánchez hasta que nos expliquen qué cojones les pasa"

Scott llegó a la vida de Mercedes Milá 'de casualidad' y se la terminó salvando. A la periodista le tocó hacerse cargo del perro de su madre cuando ésta comenzó a enfermar y en una jugada maestra del destino, se produjo una maravillosa simbiosis afectiva de la que todas las partes salieron beneficiadas.

Esto ocurrió hace unos tres años, cuando Mercedes Milá cedió el testigo de Gran Hermano a Jorge Javier Vázquez reconociendo estar atravesando una dura depresión. La presentadora decidió volver a Barcelona para "cobijarse" del mal momento personal que estaba viviendo y cuidó de su madre hasta su fallecimiento el pasado 2 de agosto.

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"Se llora tanto cuando se está tan mal que se te acaban las lágrimas. Apenas lloré cuando se murió mi madre", reconoce Milá a ECOTEUVE.ES antes de hablar con dureza de la demencia progresiva que la terminó apagando. "Su muerte, tanto para ella como para mí, fue una liberación [...] Con ella, llegó un momento en el que yo le decía: 'Mami, si te quieres morir, ojalá te pudiera yo ayudar. Pero ¿cómo te mato? ¡Si es que no sé cómo acabar contigo! ¡No nos dejan hacer nada!", recuerda.

Ahora, Mercedes Milá está de vuelta y lo hace con energía al lado de su inseparable Scott, con el que esta noche, a las 22.00, arranca la segunda temporada de Scott y Milá en #0 de Movistar+. Todo ello, como sucediera con las primeras entregas, en la misma franja de emisión del que un día fue su programa: Gran Hermano. "Veo poco GH VIP, pero tengo unas tentaciones bestiales".

Scott le ha cambiado la vida, ¿no? 

Sí. Ayer me moría de sueño por la mañana y pensaba: 'Buf, ahora tengo que sacar a este al Retiro'. Al final, hice un esfuerzo de voluntad más allá de lo normal y lo llevé. Es un poco esclavitud, voluntaria, pero esclavitud. Yo nunca había tenido la responsabilidad de llevarlo al veterinario, darle de comer o de sacarlo... pero mi madre estaba fatal y no se podía encargar de su perro. Por eso me cayó a mí. Pero estoy encantada y le digo que le quiero 40 veces al día.

¿Qué ha aprendido con él? 

Que la paciencia es la madre de la ciencia. La paciencia de un perro es inagotable y esa cara de 'si no es ahora, será luego'... a mí me hace mucha falta. Yo soy muy impaciente y creo que en la vida hay dos trucos: la paciencia y la constancia. Con esas dos cosas te comes el mundo... pero yo no tengo ni una, ni la otra. ¿Qué me he comido? Me he comido cuatro platós de televisión. Punto. 

En su programa abordará la depresión y explicará cómo afectó a su vida. ¿Cómo se encuentra ahora mismo?

Estoy muy bien. Una vez que te equilibran con pastillas, estás bien. Un nutricionista me hizo hace poco un estudio y me dijo que mi cerebro está a la perfección, equilibrado. No así mi intestino, que todavía hay mucho que trabajar. Estoy bien, haciendo lo que hay que hacer. Recomiendan aprender una lengua que no sea fácil o un ejercicio manual que no hayas hecho antes y hay que hacerles caso porque funciona. Yo reconozco mi fracaso con los bolillos, lo intenté y no fui capaz. Eso sí, el ganchillo se me da fenomenal. 

Hubo un momento en la primera temporada el que se emocionó muchísimo hablando de Scott. ¿Da pudor verse así? 

Yo no siento vergüenza por mi dolor jamás. Ahí me pasó porque trataba de explicar lo importante que era la presencia de Scott en mi vida. Cómo se quedaba al lado de mi cama mientras yo lloraba y lloraba... En ese momento, me volvieron las lágrimas. Se llora tanto cuando se está tan mal que se te acaban las lágrimas. Llega un momento en el que no lloras ni con una película, ni con una conversación.

A duras penas lloré cuando se murió mi madre. Lloré cuando todos sus nietos le hicieron un homenaje en su maravilloso funeral. Ahí sí me rompí completamente. Pero incluso delante de mi mami, que la cogía, la abrazaba y le decía: 'Tú nos cuidarás desde allí arriba'. Mis hermanas lloraban desesperadamente y a mí no me salían las lágrimas. Creo que es el exceso de haber llorado tanto antes. Para mí, ha sido muy bonito compartir esto con la gente. Se me ha acercado mucha gente por la calle para decirme: 'Estamos en lo mismo, sé lo que estás pasando'. Eso es una hermandad que yo no había tenido jamás y que la tengo gracias al programa.

¿Cómo se afronta un momento así?

Mi madre, como tantas personas hoy en el mundo, tuvo una demencia progresiva. Así que me fui despidiendo poco a poco de ella. Los médicos nos lo dijeron desde el principio: es un duelo en vida. Eso es horrible. Yo viví con ella tres años y es duro. Vas viendo cómo la persona va disminuyendo hasta que ya no es tu madre. Esa persona es amorosa, entrañable, pero la comunicación es inexistente.

Así que al final, su muerte, tanto para ella como para mí, fue una liberación. Es durísimo decirlo, pero creo que hay que decirlo más para que la gente no sufra, que no tenga sentimiento de culpa. Con ella llegó un momento en el que yo le decía: 'Mami, si te quieres morir, ojalá te pudiera ayudar. Pero, ¿cómo te mato? ¡Si es que no sé cómo acabar contigo! ¡No nos dejan hacer nada! Al final, hubo que esperar hasta que los médicos decidieron comenzar a darle los paliativos. Y ya verla relajada y serena... se me pone la piel de gallina de recordarlo. Al final, esa frase de 'descanse en paz' es una verdad total. Pues ahora mi madre y mi padre están juntos y yo tengo comunicación con ella como tengo con todos los seres que tengo en el universo. Hablo con ella y le pido. 

A pesar de todo, ¿fue una satisfacción poder estar con ella esos tres últimos años?

Es una satisfacción muy grande y se lo debo a la depresión y al final de Gran Hermano. Yo me fui a Barcelona a cobijame y nos ayudamos mutuamente. Ella no entendía nada. Yo cuando lloraba me escondía, no quería que sufriera eso conmigo. Pero claro que nos ayudábamos.

¿Echa de menos de alguna forma el trabajo en plató y la presión del directo?

Ahora mismo no, a pesar de que un plató para mí es como mi cuarto, mi habitación. Me gusta muchísimo lo que he aprendido en los platós, que es tener comunicación directa con el público que está allí y al que casi nadie le hace caso. Yo desde que llego, le saludo y les pido que si no oyen bien que me lo digan para que suban los altavoces. La gente se siente respetada y querida, y ahí ya los tienes contigo. Sus ojos y corazón son mi vida y si ellos se aburren, en casa se están aburriendo. Luego el respetar los tiempos y, hasta donde puedas, un guion, que ahí tampoco soy yo la reina de los mares. Pero los respeto bastante más de lo que la gente se cree. Y finalmente el disfrutar de lo imprevisible, el que no domine lo imprevisible en un plató en directo, mejor que se retire. La magia del directo es lo imprevisible. 

El Gran Hermano de hoy en día es muy diferente al que dejó en 2016. ¿Se vería ahora al frente de este formato? 

Yo soy más de anónimos, a mí esa fórmula me encantaba y fue la que me atrapó. Ahora es otra cosa, es otro espectáculo, aunque la casa también les puede a los famosos. Puedes ser un sabio del entretenimiento, te meten en la casa de GH, y al cabo de unas horas no te reconoces. Esa es la magia de Guadalix. Pero yo cuando corto, corto. Esto es como en el amor, yo corto... Y corto.

Hubo quien no se creyó que su decisión de no regresar al reality era definitiva...

Yo no entendí que no me creyeran, ellos me veían cómo estaba y veían cómo llegaba al plató y al camerino. Ellos sabían que estaba mal y que no podía seguir. Si hubiera seguido era por respeto a todo el equipo del programa. Yo sólo pedía un poquito de ilusión y un poquito de parné (dinero). Y que Paolo (Vasile) me diera un programa social. Gracias a Dios, no aceptaron nada de eso y gracias a Dios, caí en brazos de Zanskar, productora de Jesús Calleja y María Ruiz.

¿Cree que el Gran Hermano original es un formato muerto? ¿Han dejado de funcionar los anónimos en televisión? 

Yo no soy profeta, chato. Ni soy profeta, ni soy parrillera, que ser parrillero es lo más difícil que hay. A los que hacen las parrillas de televisión les gusta el vértigo de la Fórmula 1. Admiro mucho a la gente que decide dónde van los programas. No soy sabia de esto, pero lo que veo es que la evolución que ha hecho Gran Hermano es para bien, porque la gente lo ha comprado. Felicito a mis compañeros de Zeppelin y Telecinco. 

¿Está siguiendo la actual edición de GH VIP

Lo veo poco, pero me lo pongo en el iPad. Tengo unas tentaciones bestiales, porque mi psiquiatra me ha dicho que a partir de las 10 de la noche no puedo ver ninguna pantalla para poder dormir. Entonces, los veo después y veo esa casa de lujo que les han puesto. Eso sí, llena de colores amarillos, que como me fui, la han puesto de amarillo. Pero bueno, he visto a Jorge Javier, que está espléndido y divertidísimo, ya está en su casa completamente. Lo que sí vi mucho fue Supervivientes.

En unas de las entregas de la temporada abordará la fama. ¿Cómo ha gestionado la fama a lo largo de su carrera profesional?

Puf. ¿Tú sabes la de años que llevo haciendo televisión? Te vas a asustar... 46 años. Se dice pronto. En 46 años, como no aprendiera, sería para echarme a vivir a Andorra. La gestión de la fama es siempre igual, aunque haya picos si estás haciendo un programa con el que estás todos los días en pantalla. Yo pensaba que con Scott y Milá habría menos follón y es curiosísimo cómo nos paran y paran al perro también para sacarse fotos con él. La fama hay que repartirla y sirve para muchas cosas buenas. Te reciben, te escuchan, si alguien necesita un médico tu puedes hablar y lo atienden... Es horroroso esto, la fama es prevaricación.

La premisa de su programa es ayudar a la gente. ¿Se ve sentando en Scott y Milá a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para que se pongan de acuerdo?

Sí, aunque en Movistar+ no se puede hacer nada político, por lo que me tendría que ir a otra cadena. Pero sería genial meterlos a los dos en un cuarto del que no pudieran salir de ninguna manera. Ni a mear. Le pondría unos orinalitos en las esquinas. Y así hasta que no nos expliquen qué cojones les pasa.



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Comentarios 3

#1
19-09-2019 / 11:26
TU PVTA MADRE...
Puntuación -13
A FavorEn Contra

PUES A VER SI TE VAS PRONTO CON ELLA

PARA LIBERARNOS NOSOTROS DE TÍ

PUE RCA SANCHISTA

#2
19-09-2019 / 13:08
DEP
Puntuación 2
A FavorEn Contra

Siento mucho lo de tu madre, pero no me parecen acertadas tus palabras, ni tampoco estoy de acuerdo contigo, pero este no es el momento, que tú madre descanse en paz.

#3
19-09-2019 / 22:45
barrabas
Puntuación 1
A FavorEn Contra

Nosotros para liberarnos de ti, nos conformariamos con que dejaras de dar la lata por las televisiones y los diarios digitales.

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