Sonsoles Ónega: "La política espectáculo perjudica más que hablar de Supervivientes o Cantora"

7:53 - 16/06/2019
  • ECOTEUVE.ES habla con la presentadora, que cumple un año en 'Ya es mediodía' (Telecinco)

  • "No me veo como la heredera de Ana Rosa, ella tiene cuerda para rato", confiesa la periodista

  • "Al principio me costó soltarme, pero decidí quitarme prejuicios, miedos y tirar adelante"

La moción de censura de Mariano Rajoy fue lo último que Sonsoles Ónega contó desde el Congreso de los Diputados, el destino que ocupó durante años en Informativos Telecinco hasta que la cadena pensó en ella para convertirla en presentadora de su nuevo proyecto, Ya es mediodía. "A mí no se me había ocurrido, ni de broma, presentar un programa", reconoce a ECOTEUVE.ES.

La llamada de sus jefes para proponérselo, hace un año, le "nubló" la cabeza pero aceptó "sin ser consciente del riesgo que es hacer un espacio diario" y del cambio de registro que iba a experimentar, alejándose de la rigidez de la información política y coqueteando, cada vez más, con la cercanía necesaria en un magacín de entretenimiento. "Al principio me costó", reconoce la presentadora. "Ana Rosa, por ejemplo, me ayudó a quitarme el miedo a equivocarme". 

Como muchos programas, Ya es mediodía empezó siendo una cosa y fue transformándose en otra. Primero solo política, el tema que domina Ónega, y luego se abrió al corazón y los realities. "Tuve miedo porque era un mundo que desconocía", recuerda. Ahora, en cambio, habla con el mismo aplomo de las negociaciones para formar gobierno que de las nominaciones de Supervivientes. "Prejuicios ninguno, escrúpulos todos".

'Ya es mediodía' celebra su primer aniversario. Arrancó hace un año con unas audiencias nada esperanzadoras. Fue creciendo y ya se ha hecho un hueco. ¿Lo ha vivido como una carrera de fondo?

Tal cual. Una carrera de fondo sin parar en ninguna fonda, porque no hemos descansado. Fue un reto que yo misma no valoré en su justa medida por desconocimiento. Sabía que empezaba algo distinto en una franja donde la competencia es durísima. Poco a poco, y con la confianza y paciencia de la cadena, hemos ido creciendo.

Comenzamos con un 7,6% y 690.000 espectadores y ahora estamos en un 12,9% y 1.130.000. Ha merecido la pena. El programa ha ido moldeándose, redefiniéndose y reetiquetándose. Con todos los 'res' necesarios, que han sido bastantes, hasta dar con una escaleta fija en la que el espectador se reconoce.

¿Por qué dice que no lo valoró en su justa medida?

Me refiero a que no sabes dónde te metes (risas). Yo venía de informativos, con una estructura muy sólida, y no eres del todo consciente del riesgo que es hacer un espacio diario, con tanta competencia, y sin entender las mecánicas del programa. Con toda la humildad, creo que ahora, un año después, empiezo a ser capaz de aportar algo al diseño de la escaleta. Antes me sentía muy perdida. Sabía cómo organizar una investidura en el Congreso, pero aquí me costaba. Lo he ido aprendiendo como un oficio más de la tele.

Volvamos a 2018. ¿Cómo se lo propusieron? ¿Dudó en algún momento?

Surgió un poco antes de la moción de censura, por una llamada de mis jefes que, básicamente, me nubló la cabeza. No hubo opción de decir que no, porque intuyes que es una superoportunidad y te tienes que subir a ese tren. No lo pensé.

Tuve claro que esto era un viaje con billete de ida. Nos subíamos sin saber hasta dónde íbamos a llegar, de forma alocada, inconscientes del riesgo de quedarnos sin trabajo a los dos meses. Porque eso pudo haber ocurrido. A mí no se me había pasado por la cabeza, ni de broma, presentar un programa. Estaban pasando cosas muy importantes en el Congreso y yo estaba centrada en ello.

¿Quién le ha dado mejores consejos en esta travesía en la que usted también ha ido soltándose ante las cámaras?

Me he apoyado muchísimo en Xelo Montesinos, la jefa de Unicorn Content [productora de Ya es mediodía y de AR], porque tiene una gran capacidad para moldear al presentador. Yo lo hacía como creía que podía y ella insistía en desencorsetarme. 'No estás en informativos, el plató no puede ser un territorio hostil, sino un salón amable', me decía. Al principio me costó.

Ana Rosa Quintana me quitó los miedos a equivocarme. Yo venía de hacer conexiones de 25 segundos donde no cabía el error, pero un plató te permite equivocarte. Y no pasa nada. La perfección absoluta es un gran enemigo cuando estás delante de la pantalla. Así que decidí quitarme prejuicios, corsés, miedos y tirar adelante.

¿Qué pensó cuando el programa fue cambiando sus contenidos -arrancó como tertulia política- e introdujo cada vez más corazón y reality?

Tuve miedo por desconocimiento, porque de repente me cargué de la absurda responsabilidad de saberlo todo del corazón: personajes, familias, amoríos, divorcios... casi como si fuera un Parlamento. Aquello me generó más miedo que otra cosa y luego me di cuenta que no es para tanto y que no te lo tienes que saber todo. Un jefe de la cadena me dijo: 'Prejuicios ninguno, escrúpulos todos'. Y eso es aplicable a cualquier información. En la vida no estamos todo el día hablando de política o literatura. No hay que tener prejuicios.

Además, hay culebrones políticos que no se diferencian mucho de las intrigas de Cantora...

Totalmente. La espectacularización de la vida política perjudica más a la sociedad que cualquier formato de entretenimiento. Con el tiempo valoraremos qué ha podido impactar más en esta sociedad que tenemos de descrédito de la política, destrucción de algunos valores que teníamos asumidos y de la ventana permanentemente abierta a la política. Lo veremos con el tiempo. No sé si estar 12 horas hablando del Comité Federal, filtrando conversaciones de lo que se ha hablado dentro, es más o menos grave que hablar de Supervivientes o de la crisis en Cantora.

En la parte 'Fresh' del programa se ha rodeado de Miguel Ángel Nicolás, Miguel Frigenti, Isabel Rábago... ¿Quién le ha enseñado a ponerse al día con los temas de corazón y de realities?

Miguel Ángel Nicolás me ha ayudado muchísimo a darme claves de los personajes y a relajarme en el plató. Ha sido fundamental. Isabel Rábago también es colaboradora fija. Y de Miguel Frigenti me gusta la dedicación absoluta que tiene a los realities. Además, te da solvencia argumental en el plató. Él no va a decir chorradas y Marta López, tampoco. Es gente muy sólida y eso lo ha valorado el espectador. Son los mejores colaboradores que podría tener.

¿Se ve como la heredera de Ana Rosa en las mañanas?

Para nada. A Ana Rosa le queda muchísimo por aportar a la televisión y en las mañanas, donde lidera a diario. Es la reina de las mañanas. Ella se pone su corona cada mañana y se la quita cuando acaba (risas). Le queda cuerda para rato, no la veo por la labor de retirarse y yo me alegro de ello, porque nos deja un arrastre extraordinario para Ya es mediodía. Ella tiene el apoyo de la audiencia que es como tener la mayoría absoluta en un gobierno.

Entonces, ¿se queda con el título de 'princesa' de las mañanas?

No, qué va. Lo que quiero es que haya larga vida a Ya es mediodía porque estamos cómodos, lo pasamos bien y ya somos una gran familia. Quiero dar buena vida al equipo del programa.

Por cierto, ¿para cuando un plató propio para Ya es mediodía? Un años después, siguen usando la mesa de AR...

¡Es que no quiero... Estoy feliz! (risas) Es verdad que limita la realización, pero el programa tiene el alma compartida con El programa de Ana Rosa y no quiero buscarle otro cuerpo.

¿Su padre, Fernando Ónega, le ha dado consejos? ¿Qué le ha dicho de la aventura de Ya es mediodía?

Al principio me decía que no impostara tanto, que fuera más natural. Pero tampoco es un hombre de muchas palabras. Lo que más le sorprende es cuando bailamos en plató, por ejemplo. 

Siempre me dice que hay que ser honrado con uno mismo y respetar a quien está ofreciendo su testimonio en televisión.



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