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Lena Dunham y Girls, tocadas por la varita mágica del 'momentum'

Un fotograma de la serie 'Girls' con las cuatro protagonistas. Dunham, segunda por la izquierda.

En el negocio de las artes existe un factor que puede determinar éxitos y fracasos y cuyo valor es altamente volátil y esotérico: el 'momentum'. Determinados actores, directores, escritores, se sumergen en ocasiones en esta suerte de estado de gracia, si son afortunados, y entonces todas las puertas parecen abrirse a su paso. El 'momentum' se asemeja a estar tocados por una varita mágica, como si se hubiera bebido una pócima de la suerte en la que el fracaso se contempla bajo ninguna circunstancia.

Bajo el poderoso influjo del 'momentum', el talento resulta prescindible. Todos los artistas lo saben, y lo aprovechan, cuando dan con ello. Un ejemplo de 'momentum' de libro es el que vivió Penélope Cruz en Hollywood durante los años 2008-2009. De ser una intérprete ligada a los fracasos en la taquilla estadounidense, pasó a ganar un Oscar y a convertirse en figura indispensable para directores como Woody Allen o Rob Marshall. Y lo dijo el propio Benicio del Toro en la ceremonia de aquellos Oscar gloriosos: la de Alcobendas estaba experimentando un claro "momentum".

En el apartado de los escritores de cine y televisión, algo similar sucedió con Diablo Cody, una joven y afilada guionista que, tras escribir un solo guión de éxito, el del filme de factura pretendidamente independiente Juno, pasó a ser la escritora más reputada, además del perejil de todas las salsas de Los Angeles. Ya más asentada en la industria, su 'momentum' concluyó a su debido tiempo.

El extraño caso de Lena Dunham

En la ficción televisiva hemos advertido un nuevo y fulgurante caso de 'momentum', aunque con peculiaridades propias que lo hacen singular. Se trata de Lena Dunham, una neoyorkina que, con 27 años, se ha convertido en la nueva niña mimada de Hollywood. Girls, serie que protagoniza, escribe y dirige para la HBO, bajo la protección del todopoderoso rey de la comedia Judd Apatow, ha emprendido un ascenso estelar e imparable, transportando a su demiurgo femenino al Olimpo de Los Angeles. Y a sus mejores restaurantes, de paso.

Dunham ha pasado de ser una total desconocida a desarrollar un personalísimo proyecto audiovisual para una de las cadenas por cable de mayor prestigio del país en su departamento de ficción. Y no solo eso: la polifacética artista va cosechando premio tras premio tras una primera temporada de diez capítulos que no alcanzan los 30 minutos de duración.

Es difícil determinar por qué ella y por qué Girls. La serie nace de las cenizas de la exitosa Sexo en Nueva York, que revolucionó la ficción por su revolucionario tratamiento de las relaciones de pareja y por una visión femenina sin pelos en la lengua ni autocensura, además de una cuidadísima factura que impregnaba los guiones, el montaje, la banda sonora y las icónicas interpretaciones de sus protagonistas.

Girls vuelve a situar a cuatro personajes femeninos en Nueva York, más jóvenes que las chicas del grupo de Carrie Bradshaw, que viven los efectos de la crisis que comparte la juventud del planeta: explotación laboral, falta de oportunidades para gente con alta formación, dificultades para conseguir una independencia...

La idea es buena. Mejor que eso, brillante. Tras el empacho de clase alta y jóvenes mimados que reinaban en ficciones como Gossip Girl, llegaba la hora de readaptarse a los tiempos que corren aportando una mirada crítica que lograra entretener a la vez que conectar con su público. Sin embargo, hay algo en Girls que no termina de cuadrar. Todas sus protagonistas resultan inteligentes y defienden planteamientos afilados, y aún así, los guiones no brillan.

Una idea brillante... pero imperfecta

Los personajes secundarios -es decir, los de las tres chicas que completan la pandilla- se presentan difusos, las tramas se pintan con brocha gorda para dejarlas 'colgadas' y sin explicación, y esa ración de realidad que se proponía repartir como contestación a la estela de glamour dejada por Sexo en Nueva York no pasa de los escenarios mostrados por otras series anteriores como Felicity, altamente edulcoradas. No es que Girls adolezca de un exceso de azúcar, pero tampoco ofrece un retrato verdaderamente mordaz, y es incluso capaz de recurrir a 'clásicos' tan manidos como una boda para cerrar la temporada en una triste demostración de falta de imaginación.

El relato biográfico de Lena

Al final, Girls no es otra cosa que el relato biográfico de Lena Dunham, una historia sobre ella misma y para ella misma, como eje principal sobre el que pone a rotar al resto de sus figuras, como muñecos en un pequeño teatro que maneja a su gusto y para su lucimiento.

Y en este punto, Dunham vuelve a romper moldes, porque no es precisamente una belleza hollywoodiense al uso a la que la industria haya aceptado dar vía libre a condición de explotarla a su antojo. Muy lejos de cualquier aspirante a actriz de su edad, Dunham es una chica rellenita, de andares torpes y rostro simpático del montón; características todas estas que suelen ser sinónimo de obstáculos para forjarse una carrera en la fábrica de los sueños. Y sin embargo, la polifacética artista lo ha conseguido. Se lo han permitido. Al menos, por ahora.

Dunham consolida así un auténtico y excepcional 'momentum' que parece beber a enormes sorbos, tratando probablemente de rentabilizar la poción mágica que algún día abandonará su cofre de secretos.

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