Estrellada

El otro día le recomendé Smash a una amiga teatrera. Te gustará, es sobre el backstage de un musical de Broadway. ¡Qué bien! Estoy falta de buenas series. Ah, no, no te equivoques, maticé, esta serie es muy mala. Me hubiera encantado que el último capítulo, que se emitió el domingo pasado en NBC, la redimiera un poquito, que hubieran encontrado la manera de repetir la fórmula de aquel maravilloso piloto que nos deslumbró a todos hace un año y medio. Lamentablemente, el final ha sido digno colofón a sus descuajaringadas y esquizofrénicas dos temporadas.

La idea de partida (sublimada en el numerazo inaugural ‘Let me be your star’), dos chicas que se disputan el papel protagonista de una obra que recrea la vida y obra de Marilyn, ya era una estupidez. Querer equiparar el talentazo de Megan Hilty a los gorgoritos de Katharine Mcphee era como ver a Mariah Carey tratar de levantarle a la Streisand el papel de Fanny Brice. Pero el auténtico despiporre llegó cuando pasaron a cuestionar la calidad de la obra Bombshell, lo único que funcionaba como un reloj. Bombshell, el musical, es una pieza soberbia, composiciones con reminiscencias de Rodgers y Hammerstein y toques sofisticados, divertidos, irónicos al estilo del mejor Cole Porter, de una sincera cinefilia y mala leche refinada. Si los diálogos de la serie hubieran tenido la mitad de calidad que los versos de las canciones, Smash habría sido un clásico.

Con todo, a mí me ha descubierto algunas cosas importantes: la profunda vulgaridad de Debra Messing, más allá de los despropósitos de su guardarropía; la versatilidad del maravilloso Christian Borle, capaz de insuflar dignidad a diálogos propios de Ana y los siete; el potencial de Jack Davenport como malo sexy; a Will Chase, arrebatador galán cantando y bailando, y secundario olvidable en cuanto apagan la música; que, aunque se haya destrozado la cara, el carisma de Anjelica Houston sigue incólume; y, esto no era ninguna novedad, que yo me trago cualquier chorrada ubicada en Nueva York aunque sólo sea un rato.

Las campanadas de 2012

Del doce al uno, ahí van mis momentos de serie de este año:

12. La explicación gráfica de la incompatibilidad entre hombres gays y lesbianas (Modern family).

11. Una aspirante a Marilyn para un taxi a golpe de cadera en una calle de Nueva York (Smash).

10. La razón por la que nadie podrá volver a decir “no te asustes, Carl” (The walking dead).

09. Jeff Winger lanza el dado al aire (Community).

08. “Mi madre escuchaba tus discos cuando estaba embarazada de mí” (Nashville).

07. Las primeras palabras de Liddy Donaghy (30 Rock).

06. La cena precocinada en casa de los White (Breaking bad).

05. Unas copas a deshora en el bar (Homeland).

04. Hannah en la consulta de la ginecóloga (Girls).

03. La cita- encerrona de Louie y Laurie (Louie).

02. La fiesta sorpresa frente al ascensor (The good wife).

01. Hay que saber apreciar las cosas buenas a tiempo (Mad men).

Mad men ha dado este año The other woman, el tripi de Roger Sterling, la foto en la cartera de Lane Pryce, el Zou bisou bisou y una secuencia de final de temporada (hombre que camina solo con mujer al fondo) que podría haber firmado Orson Welles. Sí, Matthew Weiner es un pedante consciente de su talento pero eso no resta méritos a su serie, qué manía tenemos de celebrar la falsa modestia. Sabe lo que vale y lo que cuesta hacer lo que él hace: peleó frente a la gente que suelta la pasta y ganó y, en justa medida, nos ofreció una temporada colosal. Creo que el de la foto es el mejor momento televisivo del año: intenso, elegante, perfecto. A menudo se le recrimina a Mad Men que los actores no tienen libertad, que están encorsetados en las directrices de un geniecillo ególatra y marimandón pero, ¿desde cuándo es algo malo que los actores sean obedientes? In my opinion, sólo hay una serie que en el cómputo global no le anda a la zaga, pero hay que elegir una y este año Mad men ha sido la mejor con diferencia.

Feliz 2013.