Estrellada

El otro día le recomendé Smash a una amiga teatrera. Te gustará, es sobre el backstage de un musical de Broadway. ¡Qué bien! Estoy falta de buenas series. Ah, no, no te equivoques, maticé, esta serie es muy mala. Me hubiera encantado que el último capítulo, que se emitió el domingo pasado en NBC, la redimiera un poquito, que hubieran encontrado la manera de repetir la fórmula de aquel maravilloso piloto que nos deslumbró a todos hace un año y medio. Lamentablemente, el final ha sido digno colofón a sus descuajaringadas y esquizofrénicas dos temporadas.

La idea de partida (sublimada en el numerazo inaugural ‘Let me be your star’), dos chicas que se disputan el papel protagonista de una obra que recrea la vida y obra de Marilyn, ya era una estupidez. Querer equiparar el talentazo de Megan Hilty a los gorgoritos de Katharine Mcphee era como ver a Mariah Carey tratar de levantarle a la Streisand el papel de Fanny Brice. Pero el auténtico despiporre llegó cuando pasaron a cuestionar la calidad de la obra Bombshell, lo único que funcionaba como un reloj. Bombshell, el musical, es una pieza soberbia, composiciones con reminiscencias de Rodgers y Hammerstein y toques sofisticados, divertidos, irónicos al estilo del mejor Cole Porter, de una sincera cinefilia y mala leche refinada. Si los diálogos de la serie hubieran tenido la mitad de calidad que los versos de las canciones, Smash habría sido un clásico.

Con todo, a mí me ha descubierto algunas cosas importantes: la profunda vulgaridad de Debra Messing, más allá de los despropósitos de su guardarropía; la versatilidad del maravilloso Christian Borle, capaz de insuflar dignidad a diálogos propios de Ana y los siete; el potencial de Jack Davenport como malo sexy; a Will Chase, arrebatador galán cantando y bailando, y secundario olvidable en cuanto apagan la música; que, aunque se haya destrozado la cara, el carisma de Anjelica Houston sigue incólume; y, esto no era ninguna novedad, que yo me trago cualquier chorrada ubicada en Nueva York aunque sólo sea un rato.

La reina de los pringados

Creo que nunca he conseguido convencer a nadie de que vea 30 Rock. En el tiempo que llevo enganchada a esta serie la he recomendado millones de veces y he obtenido poquísimas respuestas positivas. Igual que algunos la califican de pretenciosa, otros la acusan de ser demasiado tontorrona. Todos tienen razón. Es una amalgama informe y genial de chascarrillos sofisticados y humor de trazo grueso. Hoy que se emite el último capítulo en Estados Unidos no voy a intentar animaros a que le deis una oportunidad argumentando que, en realidad, esta serie debería ser mainstream. Es mentira. Los que la disfrutamos potenciamos ese rollo de que sus chistes no puede pillarlos cualquiera. Suena a pedantería extrema pero no es más que un arrebato de orgullo nerd. Como en el cole: Ah, ¿que no quieres ser nuestra amigo? Lo mismo nos da, mis colegas y yo tenemos un club súper guay y no te necesitamos para nada.

Así es su creadora, Tina Fey, la reina de los pringados, la chica de las gafas y la cicatriz en la cara que ha tenido la serie que le ha dado la gana durante siete años en antena. A quién le importa los datos de Nielsen cuando en su pandilla de outsiders tiene a la estrella más influyente de las últimos dos décadas (probablemente), a un vicepresidente de los Estados Unidos y a un Beatle, además de una potente lista de celebrities y anónimos incondicionales que comparten su obsesión malsana por la tele y la ciudad de Nueva York, los dos verdaderos protagonistas de 30 Rock. La NBC no ha tenido arrestos para quitarla de la parrilla, aunque ganas no le habrán faltado; no sólo era un fiasco de audiencia sino que, además, se cachondeaba a placer de las miserias de su cadena nodriza.

Casi nunca era una comedia “de situación”. 30 Rock buscaba el golpe de efecto en la frase rebuscada, en la burrada envuelta en retórica (“Sabemos que alquilaste una versión porno de Temple Grandin”; “No adoptes a esa niña somalí: cuando crezca podrá llegar a ser pirata o la concubina de un señor de la guerra”) y en los personajes. Hoy tengo esa pena del último día de campamento, cuando hay que despedirse de todos, incluso de los que te caían mal, y confías en que seguiréis en contacto pero sabes que cada uno tomará su camino. Me encerraré en casa con una sudadera gris y una bolsa enorme de Sabor de soledad para ver capítulos repetidos y memorizar frases intraducibles. No contéis conmigo: I’m Lizzing.

Fall Season@NYC (2011)

Pan AmPerson of Interest

Whitney

A Gifted Man

Against the Wall

Charlie’s Angels

Sons of Anarchy

CBS Fall Season

Hung

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True Blood

How to be a Gentleman

Revenge

Once Upon a Time

How to make it in America

Glee

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Ringer

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Free Agents

The Secret Circle

Homeland

Bore to Death

Boardwalk Empire