Estrógenos a presión

“Dentro de unos años van a necesitar actrices de más de cincuenta que aparenten su edad. Si perseveramos, encontraremos un nicho de mercado importante”. Este argumento antibótox lo planteaba una burlona Frances McDormand en el documental de 2002 Searching for Debra Winger a propósito de la presión que Hollywood ejercía en las actrices para conservarse eternamente frescas, “follables”, según el término favorito de los ejecutivos. Ya entonces, la tele había abierto sus brazos anhelantes a la madurez femenina, diversificando la oferta interpretativa fuera de los estereotipos esposa de, madre de, abuela de, a los que el cine las relegaba. Hoy en día, operadas o no, las mujeres de cierta edad, de Margo Martindale (Hung) a Vanessa Redgrave (Nip/Tuck), practican sexo en nuestras pantallas como las jovencitas. Muchas de ellas, como la Redgrave, en las series de Ryan Murphy.

La que se ha hecho de todo en la cara y no aparenta ni uno menos de los años que tiene es Jessica Lange, que vuelve a ser la abeja reina indiscutible de la nueva temporada del terrorífico serial American Horror Story. Lange ha utilizado su rostro como campo de pruebas, algo que, al contrario de lo que pueda parecer, y contraviniendo muchos de los estereotipos anticirugía, no le ha restado personalidad ni fuerza interpretativa. ¿Estaría más guapa si no se hubiese vuelto loca recortando pellejo? Probablemente, pero la Lange pisa sobre sus tacones con tanta seguridad y se revuelca con las mismas ganas, si no más, como en los tiempos en que suspiraban por ella hasta los simios gigantes. Su personaje, una de las brujas de este aquelarre (Coven es el subtítulo de la tercera entrega de AHS), está, como ella, obsesionada por mantener a cualquier precio la tersura de sus facciones. No ayudará a su fijación la proximidad de un grupo de jóvenes hechiceras adolescentes que tutela su hija, Sarah Paulson.

¿De qué va American Horror Story: Coven? Ni idea. El primer capítulo es tan perverso y está tan bien hecho como el resto de la serie, pero no tengo muy claro cuál será el hilo argumental más allá de las alianzas y confrontaciones que se adivinan entre jóvenes  (Taisa Farmiga, Gabourey Sidibe, Emma Roberts y Jamie Brewer) y veteranas (Lange, Frances Conroy, Patti LuPone, Kathy Bates y Angela Basset), y las venganzas y maleficios atávicos del Nueva Orleans del XVII arrastrados hasta nuestros días. Los aquelarres, como los conventos, sirven a menudo como metáfora para las relaciones conflictivas entre mujeres, así que parece seguro que Coven servirá una olla a presión de estrógenos siempre a punto de reventar.

Repite, además de Paulson, Evan Peters, Lily Rabe, Denis O’Hare, y, esperamos, el resto de los freaks habituales.

American Horror Story: Coven se estrena este domingo 20 de octubre en FOX.

El espía de al lado

 

The Americans no es sólo una serie ambientada en los ochenta sino que plantea una premisa tan descabellada que bien podría haber sido el argumento de una película de aquella época. Los protagonistas son una pareja de espías rusos que viven infiltrados en Estados Unidos desde hace años como una anodina familia del suburbio más, con la valla de madera, los niños y los coches de fabricación nacional. En mitad de una operación de alto riesgo, con un Reagan eufórico de poder, ¿quién se les muda a la casa de al lado? Un agente federal especializado en contraespionaje. Por puro azar. Ya es mala pata.

Va de espías, pero no se parece a Homeland; es una producción “retro”, pero está a años luz de Mad men. The Americans ofrece algo mucho más ligero, más accesible, sin que esto suponga un demérito en la calidad. Todo lo contrario. La serie va cogiendo cuerpo, combinando con habilidad las aventuras, la acción, con la historia de amor desincronizada de Phillip y Elizabeth Jennings (Matthew Rhys y Keri Russell), dos personas que se entregaron en cuerpo y alma a la causa soviética cuando apenas eran unos adolescentes y que han alcanzado la madurez en plena fantasía occidental. Él se siente tentado de abandonar la militancia, simplificar su vida y ser feliz con su familia, mientras que ella se empeña en mantener la cerrazón ideológica, radicalizando su compromiso hasta las últimas consecuencias. The Americans no pierde el tiempo valorando quién tenía la autoridad moral en la Guerra Fría (imaginaos la misma serie aquí, en España, con nuestra eterna obsesión con dejar claro de qué lado está cada uno, menudo rollazo); tan despiadados son los métodos de la KGB como los del FBI, tan devastadores los traumas en Leningrado como en Washington. En la puerta contigua, el agente Beeman y su mujer (espléndidos Noah Emmerich y Susan Misner) son otro matrimonio en crisis también por culpa de la causa, la otra causa, la del otro lado. El telón de acero es sólo un mcguffin; bastante tienen los personajes con poner en claro qué quieren hacer con sus vidas, contentar a sus jefes (Margo Martindale, de nuevo haciendo súper villana camuflada de mujer entrañable), mentir a sus amantes, lucir bien con pantalones sobaqueros y copular a ritmo de Phill Collins. Cuánto sufrimiento.

The Americans se estrena con doble capítulo esta noche en FOX a las 21, 30