Las campanadas de 2012

Del doce al uno, ahí van mis momentos de serie de este año:

12. La explicación gráfica de la incompatibilidad entre hombres gays y lesbianas (Modern family).

11. Una aspirante a Marilyn para un taxi a golpe de cadera en una calle de Nueva York (Smash).

10. La razón por la que nadie podrá volver a decir “no te asustes, Carl” (The walking dead).

09. Jeff Winger lanza el dado al aire (Community).

08. “Mi madre escuchaba tus discos cuando estaba embarazada de mí” (Nashville).

07. Las primeras palabras de Liddy Donaghy (30 Rock).

06. La cena precocinada en casa de los White (Breaking bad).

05. Unas copas a deshora en el bar (Homeland).

04. Hannah en la consulta de la ginecóloga (Girls).

03. La cita- encerrona de Louie y Laurie (Louie).

02. La fiesta sorpresa frente al ascensor (The good wife).

01. Hay que saber apreciar las cosas buenas a tiempo (Mad men).

Mad men ha dado este año The other woman, el tripi de Roger Sterling, la foto en la cartera de Lane Pryce, el Zou bisou bisou y una secuencia de final de temporada (hombre que camina solo con mujer al fondo) que podría haber firmado Orson Welles. Sí, Matthew Weiner es un pedante consciente de su talento pero eso no resta méritos a su serie, qué manía tenemos de celebrar la falsa modestia. Sabe lo que vale y lo que cuesta hacer lo que él hace: peleó frente a la gente que suelta la pasta y ganó y, en justa medida, nos ofreció una temporada colosal. Creo que el de la foto es el mejor momento televisivo del año: intenso, elegante, perfecto. A menudo se le recrimina a Mad Men que los actores no tienen libertad, que están encorsetados en las directrices de un geniecillo ególatra y marimandón pero, ¿desde cuándo es algo malo que los actores sean obedientes? In my opinion, sólo hay una serie que en el cómputo global no le anda a la zaga, pero hay que elegir una y este año Mad men ha sido la mejor con diferencia.

Feliz 2013.

Te quiero, Louie.

Cuando Lucille Ball buscaba una manera de ahorrar costes para la comedia que pretendía colocarle a la CBS y que terminaría convirtiéndola en la primera rachelgreen de la historia, se le ocurrió que grabar con tres cámaras a la vez frente a unas gradas llenas de gente que riera sus gracias reduciría el tiempo de producción y daría, además, mayor naturalidad al recoger las reacciones espontáneas del público. Así nació la sitcom. Sesenta años después, el jefazo de la FX John Landgraf sólo puso una condición cuando dio luz verde a la irreverente, anárquica y exhibicionista serie que Louis CK acababa de presentarle: “que no se pase del presupuesto”. Louie tiene en común con I love Lucy haber convertido sus limitaciones en virtudes e inaugurar de paso una nueva manera de contar. Gasta poco en sueldos: él produce, escribe, dirige, edita e interpreta. Cada capítulo es imprevisible, distinto al anterior y todo gira alrededor de lo que al demiurgo pelirrojo le venga en gana. Louie no es una sitcom, a veces, no es ni una comedia, y la vemos cuatro gatos: las posibilidades de que algo así se convierta en paradigma de nada son mínimas, pero eso no quita para que éste sea uno de los productos más rompedores de los últimos tiempos.

Hoy se estrena en España la tercera entrega de la semibiográfica y deshilachada historia de este cómico divorciado, padre de dos niñas y residente en Nueva York. Los desastres naturales en Centroamérica, el hambre en el Tercer Mundo, las enfermedades mentales, Ikea, los ancianos, la guerra en Afganistán, los trasplantes de genitales, la zoofilia, las citas a ciegas: los grandes temas y los resquicios más bizarros de lo cotidiano son su material cachondeable. Sin que te des cuenta, estarás llorando de la risa y él, tan campante, saltará de la escatología al existencialismo en la misma frase. Pero, para los que todavía no le conocéis, ¿cuál es la diferencia entre Louie y todo lo que ya has visto? Tenemos a Larry David y a Ricky Gervais desplegado en Andy Milman, David Brent y Derek. No cortarse en decir burradas (con talento) y afrontar la vida con desilusión hace tiempo que dejó de ser novedoso, ¿qué aporta Louis CK? ¿Qué le hace tan especial? La ternura. La auténtica trasgresión, para los que ya estamos curados de espanto, es otorgarle un mayor grado de profundidad al personaje: atreverse a poner verdaderas atrocidades en boca de un individuo que no es ni un misántropo ni un egoísta, pero tampoco un necio o un cursi. Louie es otro cínico contemporáneo y también es un tío muy majo. Sabe que portarse bien es casi siempre muy cansado y no tan gratificante; que ser bueno, coherente, responsable, legal, es un ejercicio de voluntad y no algo que sale de forma espontánea. Puede confesar haberse masturbado entre la caída de la primera y la segunda torre el día del ataque al World Trade Center y a la vez ser el padre más tierno, el enamorado más dulce y el desconocido más empático.

Los críticos siempre destacan la evidente influencia de Seinfeld en la combinación de stand- up comedy y ficción en la estructura de Louie, pero la tanda de capítulos que hoy arrancan en Canal+ dejan claro que el progenitor estilístico de la serie es Woody Allen. Además de la incorporación de Susan E. Morse como montadora de la serie, hay indicios de Manhattan, toneladas Annie Hall y un capítulo muy especial con una versión actualizada de Stardust Memories. Sus mejores películas has sido las nodrizas de CK, quien guarda en su despacho a modo de altar una carta enmarcada que Allen le envió y en la que se proclamaba admirador de la serie: “Tengo un Grammy, tengo un Emmy, me importan una mierda: esa carta sí que es un premio”, el vástago orgulloso ha adoptado otra de las señas de identidad de Woody: pagar a cualquiera que actúen en su show, sea una actriz en el candelero, un mítico director de cine o un pez gordo de la comunicación, el mismo sueldo que a cualquier mindundi del sindicato.

La tercera temporada de Louie se estrena hoy a las 21.30 en Canal+