Hannah y el amor

Deberíamos dejar de hablar de Girls porque la tenemos resobada. Con tanta teoría, premio, comparación, declaración de amor (y de odio) corremos el riesgo de saturarnos. Después de tropezarme día sí y día también con artículos titulados Lena Dunham, la voz de su generación, tengo que ver el capítulo de turno para confirmar que no son exageraciones, que se trata de una serie extraordinaria. La segunda temporada traspasa definitivamente esa barrera generacional tan marcada en la primera. Yo no me reconocía como público objetivo y al principio observé Girls desde una distancia prudencial, dispuesta a recular mi entusiasmo en cuanto asomara la bisoñez de la autora. Sin embargo, la serie crece, gana en madurez y yo corro el riesgo de convertirme en otra obnubilada proselitista.

Hay mucho amor en esta segunda entrega. Mucho sexo también, ese sexo desinhibido y grotesco (y, a la vez, tan estético y tan real) que es ya marca de estilo, pero sobre todo son las relaciones afectivas de las cuatro chicas las que estructuran la historia. Estar enamorada, querer estarlo, de quién, por qué, la conveniencia o no de tener pareja, el desconcierto, la vulnerabilidad y el ansia por juntar experiencias desde la audaz perspectiva de quien tiene todo el tiempo del mundo para equivocarse. Mira alrededor, Hannah, le dice Jessa a su amiga en este emocionante tráilerson los mejores años de tu vida.

La tanda de diez episodios que arranca esta noche en Canal plus alcanza un maravilloso clímax en el quinto, emitido el pasado domingo en Estados Unidos y titulado One man’s trash. Es una historia encapsulada y monográfica, un agridulce y emocionante cuento de Brooklyn sobre la pasión y la proyección romántica. Parece aislado de la trama central de la temporada, pero en realidad funciona como hemistiquio perfecto y como enlace emocional para los descreídos. No hace falta tener veinte años y sentirse identificado. Quitaos los prejuicios y dejad que estas niñatas se os cuelen hasta la cocina. De verdad que merece la pena. ­

Las campanadas de 2012

Del doce al uno, ahí van mis momentos de serie de este año:

12. La explicación gráfica de la incompatibilidad entre hombres gays y lesbianas (Modern family).

11. Una aspirante a Marilyn para un taxi a golpe de cadera en una calle de Nueva York (Smash).

10. La razón por la que nadie podrá volver a decir “no te asustes, Carl” (The walking dead).

09. Jeff Winger lanza el dado al aire (Community).

08. “Mi madre escuchaba tus discos cuando estaba embarazada de mí” (Nashville).

07. Las primeras palabras de Liddy Donaghy (30 Rock).

06. La cena precocinada en casa de los White (Breaking bad).

05. Unas copas a deshora en el bar (Homeland).

04. Hannah en la consulta de la ginecóloga (Girls).

03. La cita- encerrona de Louie y Laurie (Louie).

02. La fiesta sorpresa frente al ascensor (The good wife).

01. Hay que saber apreciar las cosas buenas a tiempo (Mad men).

Mad men ha dado este año The other woman, el tripi de Roger Sterling, la foto en la cartera de Lane Pryce, el Zou bisou bisou y una secuencia de final de temporada (hombre que camina solo con mujer al fondo) que podría haber firmado Orson Welles. Sí, Matthew Weiner es un pedante consciente de su talento pero eso no resta méritos a su serie, qué manía tenemos de celebrar la falsa modestia. Sabe lo que vale y lo que cuesta hacer lo que él hace: peleó frente a la gente que suelta la pasta y ganó y, en justa medida, nos ofreció una temporada colosal. Creo que el de la foto es el mejor momento televisivo del año: intenso, elegante, perfecto. A menudo se le recrimina a Mad Men que los actores no tienen libertad, que están encorsetados en las directrices de un geniecillo ególatra y marimandón pero, ¿desde cuándo es algo malo que los actores sean obedientes? In my opinion, sólo hay una serie que en el cómputo global no le anda a la zaga, pero hay que elegir una y este año Mad men ha sido la mejor con diferencia.

Feliz 2013.