Quequé: "Ignatius Farray es historia de la comedia, nos daba rabia que España no lo conociera"

8:41 - 12/03/2018
  • ECOTEUVE.ES entrevista al presentador de 'LocoMundo', el programa "descarnado" de #0

  • "Castella ha sido clave en nuestro éxito, ojalá pronto ocupe el sillón de Fernando Jerez", bromea

  • "Es una tontería decir que no hay censura, hay cosas de las que hay que hablar con cuidado", afirma

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La Vida Moderna ha supuesto un antes y un después en la trayectoria de sus artífices. El programa de humor de la Cadena SER, que ha crecido exponencialmente en fieles seguidores a lo largo de los últimos dos años, ha catapultado profesionalmente a David Broncano, ha relanzado a Quequé, y ha colocado en el tablero a Ignatius, paradójicamente, el más veterano de lo tres.

"Es una suerte trabajar con un tío como Ignatius porque es historia de la comedia española. Hay un antes y un después de este señor. Ya era un cómico de cómicos que todos admirábamos, pero nos daba rabia que España no lo terminara de conocer", asegura a ECOTEUVE.ES Quequé, que ha cogido las riendas de LocoMundo después de que David Broncano pasara a presentar La Resistencia, el late late show de #0. Ignatius es colaborador habitual de los dos.

Así, el humor irreverente de este aclamado tridente ha logrado extenderse mas allá de los dominios de la emisora de Prisa. Y si hay una pieza fundamental en todo ello, según Quequé, ese es Ricardo Castella. "Cuando ya los cómicos empezamos a tomar puestos de cierta responsabilidad y poder es cojonudo y Ricardo, en ese sentido, ha sido clave. Y ojalá ocupe dentro de nada el sillón de Fernando Jerez", bromea el salmantino en referencia al director de #0 de Movistar+.

Quequé, la cadena le ha dado un programa semanal. Es el sueño que estaba persiguiendo, ¿no?

Quequé: Sí, sí. Trabajar poco y cobrar una millonada es acojonante. Y luego que cuando eres presentador, te dan unos zapatos de la hostia. Cuando eres colaborador, estás con mierdas de playeras y tal, y ahora fíjate. ¡Ah! Y la camisa de Hugo Boss.

¿Cómo se siente ante la oportunidad de presentar este programa?

Quequé: Muy bien. LocoMundo es un formato al que yo ya pertenecía y es muy cómodo de grabar, porque el ritmo de grabación es de una vez cada dos semanas. Y creo que la cadena ha hecho un movimiento bueno, que es evitar la comparación con David Broncano y poner a un señor mayor.

¿Ha mantenido la línea del programa o ha procurado que tenga algo diferente?

Seguimos con la misma línea. LocoMundo es un humor muy cabrón a veces, muy descarnado, porque hay temas muy jodidos. En esta nueva etapa, vamos a tratar temas jodidísimos como el acoso sexual. Todo tiene una vuelta cómica. Hay temas muy espinosos, pero intentaremos quemarnos lo imprescindible.

¿Qué aporta al programa que no le aportaba Broncano?

Q: Música, como ya habréis visto. (Ríe). Es verdad que cada uno tiene su propia personalidad y es probable que ahora en LocoMundo se diga menos 'jíbiri, jíbiri' y se diga más 'cancaneo'. Pero quitando eso, es un programa que tiene poca fantasía. Dentro de eso, intentamos que las piezas sean muy locas. Además, Nacho viene con una idea muy bonita, que es hacer de una especie de Sócrates que pervierte a la juventud.

Ignatius: A Sócrates, en su momento, se le condenó por pervertir a la juventud. Así que con Lalo Tenorio vamos a hacer esos sketches de yo haciendo de Sócrates, y él haciendo de jovencito confuso. Tenemos nuestros diálogos socráticos para llegar a la verdad.

Broncano dice que ahora le toca hacer de 'cortafuegos' con Ignatius. ¿Usted también ha asumido esta labor?

Q: Nosotros a Ignatius no le monitorizamos, al contrario, se junta con nosotros y es una putada para él. No tiene límites.

I: Yo tengo la suerte de que estáis vosotros. Gracias a eso, me puedo permitir ciertas cosas, porque me encarriláis y no me atoro. Eso ayuda.

Q: La suerte es estar trabajando con un tío, y perdona por ponerte incómodo al estar delante, que es historia de la comedia española. Hay un antes y un después de este señor. Ya era un cómico de cómicos que todos admirábamos, pero nos daba rabia que España no lo terminara de conocer. Gracias a La Vida Moderna hemos podido decir: España, Ignatius; Ignatius, España. ¡Fight! (Ríe). Perdona la incomodidad.

¿Y cómo le sientan a Ignatius estos elogios?

I: Somos amigos y hablar los dos así de esta manera es muy bonito, pero te sientes incómodo porque están diciendo cosas bonitas a tu lado y no sabes muy bien cómo comportarte (Ríe). Gracias a La Vida Moderna hemos forjado una amistad que yo creo que se nota en el programa. Se ve esa complicidad que hay. Nos conocíamos ya de cuando empezó todo esto, los dos empezamos en 2001, y han pasado los años y, poco a poco, nos hemos ido colocando en la primera línea de la industria del entretenimiento. ¡La industria! ¡Hay que hacerlo por la industria! (Ríe).

Q: Hay una pieza fundamental en todo esto, y que muchas veces se nos olvida recordarlo, que es Ricardo Castella. Castella es una rara avis, porque es un cómico responsable y tiene una capacidad de trabajo acojonante. Es muy difícil encontrar un cómico así. Cuando ya los cómicos empezamos a tomar puestos de cierta responsabilidad y poder es cojonudo y Ricardo, en ese sentido, ha sido clave. Y ojalá ocupe dentro de nada el sillón de Fernando Jerez [Director de #0]. (Ríe). 

En unos tiempos en los que se intenta poner tantos límites al humor. ¿Cómo han conseguido esa libertad para decir, aparentemente, todo lo que se les pasa por la cabeza?

Q: Yo me he cansado mucho de teorizar sobre esto. Nosotros llegamos aquí y hacemos cosas. Que un día llega un fiscal, se enfada, y nos pone un límite. Pues chico, qué le vamos a hacer. Yo creo que los límites están muy bien establecidos en el Código Penal y son los que son. Esto de tener cuidado, de subvertir el orden... nosotros hacemos cosas y si te ríes bien, y si vamos a la cárcel, pues bien también.

I: Nunca ha habido una premeditación, simplemente, nos dejamos llevar por la espontaneidad del programa y acabas diciendo ciertas cosas que sí pueden estar un poco al límite. Pero no es algo premeditado o con un objetivo premeditado.

¿Pero no os censuran ciertos temas o tienen total libertad?

Q: Todos sabemos lo que hay. Es una tontería decir que no hay censura. Claro que la hay. Hay ciertas cosas donde hay que hablar con cuidado. Pero, por otro lado, los jefes se han metido en una dinámica en la que no nos pueden quitar ahora. Ahora quedarían mal ellos si nos echaran.

Además, son conscientes de que el programa funciona por sí mismo...

Q: Exacto. Y de verdad, que no estamos haciendo nada que no se haya hecho hasta ahora. Somos tres amigos diciendo chorradas.

I: Pero la gente agradece el atrevimiento. Yo creo que se puede hacer comedia sobre cualquier tema, pero no de cualquier manera. Alguna vez puedes derrapar y meter la pata, pero eso no te impide no intentarlo al menos. Se puede hacer comedia con cualquier tema y digamos que el reto es encontrar la manera correcta de hacerlo.

Como cómico, ¿qué aspecto o tema os interesa más desarrollar en LocoMundo?

Q: De temática yo creo que está bien. Siempre tocamos temas espinosos que, como dice Ignatius, nos da para meternos en arenas movedizas a veces y salir indemnes o no. En cuanto a la forma, yo creo que no hemos tocado techo. Hemos optado a veces por lo musical, y a mí ese tipo de piezas, de alocar un poco el programa, me gustan mucho.

Con Valeria Ros ya coincidía en La Lengua Moderna. ¿Cómo surgió la idea de incorporarla como colaboradora?

Q: Yo sabía que tenía que hacer la prueba para entrar y la hizo muy bien y dejó a todos encantados y con la boca abierta. Y es un caso de emergencia nacional en el que necesitamos quince o veinte cómicas en primera fila ya, porque si no, está absolutamente descompensado el asunto. Es una alegría haberla descubierto, aunque ya venía descubierta ella sola, y que la gente vea que hay una cómica en televisión. Esto es el problema eterno de siempre: faltan mujeres.

I: Daba rabia, porque nosotros la conocíamos y sabíamos que era sensacional y con mucho talento. Pero la gente de radio y televisión, hasta que no hizo La Lengua Moderna, no la conocía tanto. Da rabia ver a personas con talento como ella que no logran esa trascendencia. A ver si se empieza a hacer un poco de justicia. A ella, y a más chicas, como Pilar de Francisco o Silvia Sparks, que son cómicas muy brillantes que la gente no las conoce tanto. Es hora de que tengan esa oportunidad.

¿Os ha sorprendido la repercusión que habéis logrado a través de La Vida Moderna?

Q: Hay un cabrón que se está forrando con las banderas. (Ríen). Hay un chino feliz ahora mismo... Todo lo relacionado con La Vida Moderna nos sorprende continuamente, incluso este movimiento que hicimos con el himno de Moderdonia y el Cara el Sol. No somos conscientes, pero hay un ejército de personitas que ha enganchado muy bien con el asunto, con la filosofía, y al que un día podemos decirles: ¡Vamos a quemar la Moncloa! (Ríen).

I: La gente nos sigue muy a tope. Nos sorprende cómo se curran ciertas cosas que nos traen al programa. Hace unos meses, se propuso una manifestación pro-Moderdonia en la plaza de Tiros de Molina y aparecieron 500 personas, la gente hace banderas, canta el himno... Nos sentimos muy respaldados y eso te envalentona para continuar.

Le envalentona hasta el punto que se ha planteado presentarse a las elecciones europeas...

I: Eso también. (Ríe). Salió un poco de broma y de repente, la gente en las redes sociales dándonos indicaciones de cómo hay que hacerlo, haciéndonos el cartel...

Q: Lo que pasa es que no queremos fragmentar más a la izquierda (Ríen).

Con vuestros últimos logros, ¿se sienten como los nuevos Forocoches?

I: (Ríe) ¡Los nuevos Forocoches!

Q: ¡Espero que no!

I: La gente nos respalda hasta ese punto y nos sorprende hasta dónde son capaces de llegar.


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